miércoles 30 de diciembre de 2009

Adelanto de mi poemario "Sencilla mente" - Segunda parte

He aquí otro adelanto de poemas que publicaré en Sencilla mente y que han aparecido en otras publicaciones a través de los últimos siete u ocho años. Nada... que, para consolarme del invierno lejos de la familia o las parrandas puertorriqueñas, la escritura compensa. Sin embargo, cuando llego a su lado, los lápices y los libros me aíslan. ¿Por qué no puede ser más sencilla la mente?

Seguiremos informando...


Ojos abiertos


Choca un brindis de insultos en el aire.
La máquina del corazón no marca pasos.
Sólo el café cortado me resbala de horas la trasnoche
como cuando te extrañaba...
como el hecho de que estés.

Le desenredo cascajos a la tráquea del reloj de arena.

La luna: ovillo de telarañas.

Cuánta paz deja en la lengua un verso bonito;
cuánta turbulencia, su belleza entre cejas.

Te siento lejos.
Pareces prosa,
y yo quería hacernos un poema.



Oyéndote

Oigo tu voz.
Está nevando.
La mirada de piedra se dispara contra los cristales.
El viento domestica la ventana.
Un árbol se despoja. Desierta lentejuela triste
que vibraba casi helada a la intemperie.
Crepita en la chimenea la imitación de un tronco
que, como mi amor, nunca se apaga.
La arritmia me recuerda que envuelto en un abrigo
ando como desnudo
si camino sin ti.
Tiemblan gemelos estos ojos cristalinos
cuando estiras un nombre desde el otro lado
para tañer la campana de mi tímpano.

Oigo tu voz por el teléfono
y está nevando.



Mentalmente

Loca mente. Insolentemente se piensa poesía. Y minuciosamente te explora poro a poro en el infeliz reino de(la)mente, empecinadamente. Respetuosamente compila falsamente la nimiedad que hilvane lo que no fue -a su ahora- para rehacer su andanza enamoradamente.

Traicionera mente. Y victoriosamente de esperanzados sueños se levanta la historia: esa única historia que seductoramente, te envuelve en metáforas metafóricamente, pues atarte a los versos y a las líneas corridas es condenarte a mí, ensoñarme contigo -con un embrujo víspera siempre del día en que te vayas-, amarrarte a mi boca, enlazarte a mi espalda, ¡no importa!, excesiva, violenta, irrevocable, intransigente: disparatadamente.

Entristecida mente. Porque impetuosamente se le arranca tu nombre; desenrosca tu espacio para saberte libre. Mente que sabe amarte. Mente que deja irte. Que soñadoramente, reza por tu regreso y reverentemente suelta maledicencias por quererte limitado e ilimitadamente.

Excelente mente. Que no es poesía en sí, sino en ti como poema. Que no es poema en ti, sino despiadadamente entre estrofas dolorosas de tu sangre, tus sudores, tus alientos, desalientos, alas abiertas, caídas, y la frustración insomne de quien se conoce ausente.

Todo eso hace mi mente cuando se acuerda de ti… cautelosa… orgullosa… conmovedora… desgarradoramente.

lunes 21 de diciembre de 2009

Adelanto de mi poemario "Sencilla mente"

No podía permitir que el año acabara sin atender, aunque fuese someramente, este espacio que he reservado para el coqueteo de la voz.

Regalo -por filtración- poemas que publicaré en mi nuevo libro (Sencilla mente). Comienzo con uno rescatado de mi primer trabajo, Inimaginado (QEPD), y continúo con varios publicados hace un tiempo a través de diversos medios.

Imagen tomada de:

Tus palabras


Tus palabras no son como las otras palabras. Son vida desnuda, torrente del alma buscando asilo en mis oídos. Son cereza (así, despacio, suavecito), fuego lento que inunda mis adentros. Es tu "o" un beso que se cierra en beso, y escucharte sólo es mi silencio abierto a tus palabras.

No son como las otras palabras. Tu abecedario es mi mantel de estrellas, el rosario solemne de mis fantasías, el desfile de hormigas al terrón de azúcar de esos sueños contigo. Son “la calle”, “el alumbrado”, “el abrazo”, “la mirada”… palabras ordinarias en boca extraordinaria. La procesión ritual de la lengua en la lengua, de la lengua contigo en tu asedio de mí. Son tus palabras. No son como las otras.

Palabras sustantivas conjurando conjunciones. Palabras adjetivas sugerentes del verbo. Pronombre insustituible detenido en mi memoria, envuelto en todos los adverbios de modo y cantidad hacia la eternidad. Tú y yo, y, entonces, tus palabras son siempre diferencia. Son, en mi voz pasiva rendida ante tu boca, bandada de pasiones asaltándome el pecho.


Bautizo


nada como tus besos
como tu cuerpo nada
como se mueve
como pez en el agua tu figura
que como ola desde atrás ondula
y a su ritmo mi piel-tierra se conmueve
al sentir tu cuerpo-nube como llueve

nada
nada nada
con tus benditas aguas en mi boca
con estremecimiento
con ese sentimiento
que da tu río cuando desemboca
y une su vaho primero con el mío
haciendo de mi cauce su morada
como tu beso nada
nada nada

cuesta abajo por mi espalda
nada
por mi cadera ligera
nada
por mi cintura latente y callejera
por mi punta encelada por el resto profundo
nada nada
nada nada

y después de este rito
extasiado
miedoso
mirándote apenado sobre el suelo

nada


Místico


Tienes un dios dormido entre las piernas
un chakra poderoso que abre mundos
una estela
de carne, pincelada inquieta al viento
rompiendo corazones
una trampa funesta a mis pasiones



tienes manos heladas para el cuello
goteándose hebra a hebra por la espalda
centinela
trasnochando el cuidado de mi cuerpo
mirándome en el rito
predicando un nirvana muy bajito

en tus ojos hay pura retirada
el oído presente, el audio huido
y esa boca
ese cofre encarnado para carne
se va de vez en cuando
según la ola del amor va dictando



vistes el cuerpo inerte de la muerte
la gloriosa rabieta de este infierno
negro pelo
tan rebelde se niega la caída
maldita fe constante
en su sueño vital con el amante.