Foto tomada de: (http://www.tlnovelas.co.cc/2009/02/ernesto-dalessio-regresa-la-musica.html)
YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=RAAGyPxeYug) me permitió escuchar a Ernesto D’Alessio cantando “Yo soy aquél”, “Algo de mí” y “El triste”. Aprecié su voz linda, agradecí la afinación, valoré su histrionismo. Desconozco contra quiénes contendía. Sin embargo, a mi entender –que no resulta determinante para el evento, aunque sí para este comentario-, cometió un pecado mortal: escoger piezas que nos refieren a las grandes voces de la balada romántica de la década de los ochentas. Aunque sus dotes como actor intentaron compensar el dramatismo que dichas canciones exigen, la voz de D’Alessio quedó corta ante la demanda.
“Evocar” a Raphael Martos, Camilo Sesto y José José, en cierto sentido, se torna en “invocarlos”. Hablo, pues, de un estrato canónico, “divino”, de la música popular que –en más de una ocasión- estableció alianzas duraderas. Además de “Yo soy aquel”, Manuel Alejandro le prestó a la voz de Raphael éxitos rotundos; por ejemplo: “Como yo te amo”, “En carne viva”, “Cuando tú no estás” y “Qué sabe nadie” (sin contar la interpretación de “No lo puedes negar” al vozarrón de Lupita D’Alessio, madre de Ernesto). Camilo Sesto, de los pocos cantautores que convertían en hit cada canción propia que llevaba a la boca, jugó un papel medular en la carrera de otros intérpretes, como -vuelvo a los ejemplos- Ángela Carrasco. Este binomio copó fama al rendir al público con “Callados” y “Quererte a ti”. Finalmente, “La barca” y “El reloj” nos transportan a través de las épocas y las cuerdas vocales por donde se ha paseado el prestigio de Roberto Cantoral.
La imposibilidad de Ernesto D’Alessio para colmar los requerimientos de tales canciones, puede atribuirse a dos elementos medulares: la memoria del auditorio y los estándares que nos forjamos como oyentes. Sería injusto medir la ejecutoria de D’Alessio a merced de referentes tan brutales como Raphael, Camilo Sesto y José José. Al hacerlo, soy consciente de que saco de contexto su participación: eran otros los oponentes, y enjuiciar ameritaba considerar sólo el total de interpretaciones durante el evento. Empero, la memoria existe. El cantante debe recordar la capacidad del público para "evocar/invocar". Esos referentes constituyen el estándar ante el cual la gente evaluará su performance.
El lenguaje corporal de Ernesto D’Alessio… tremendo. La expresión… formidable. Se proyectó con gracia, ángel, duende. Se nota el ser de calidad en su proyecto de artista como producto mercadeable. Lo mejor: aparece un profesional que se impone metas elevadas y hace lo posible por alcanzarlas. Nadie crece amparado por metas insignificantes o cuando el norte es “lo fácil”. D’Alessio se manifiestó como todo un trabajador, y sólo el buen futuro le pertenece a quien se faja por él.