viernes 3 de abril de 2009

Presentación de "8% de desk-cuentos"

La escritura del gremlin
en los cuentos de Carlos Vázquez Cruz
(Por Jacqueline Rivera, escritora)
“Se dirá pues que no hay posibilidad
de herejía en el juego sin destruir el juego
mismo, a no ser la “trampa”; pero la trampa,
para ser eficaz, debe disimular su condición,
debe fingir más respeto a la regla que nadie:
el tramposo debe ser ortodoxo hasta lo
inquisitorial, para que nadie sospeche de él
y le descubra la carta en la manga.”

Fernando Savater


Frente a frente tenemos un libro construido como un armario con una puerta desencajada. Por la abertura se vislumbran, encerrados en él, cómo cohabitan sus personajes, entre sexo, sudor y plátanos. Aunque burda, la imagen anterior pertenece a una observación cosmogónica sobre el universo que se explora en el libro de cuentos que reseñamos esta noche. Se trata de relatos delineados a través de una albúmina curiosa y locuaz del lenguaje de un narrador que destila un tono distinto, alternativo, en la narrativa puertorriqueña.

Con tan especial sujeto de enunciación, articulado y volátil, pueblerino y astuto, no es difícil caer en su trampa. No faltaba más querer conocer más sobre el averno desde y dentro del clóset. Sólo que erramos en algo, no existe ningún clóset. En su lugar, en vez de encontrarnos con telarañas y recovecos, éste, inmediatamente abrimos el libro, es devorado por un horno, frente a nuestros ojos sorprendidos, a las doce de la medianoche, dándonos así una singular entrada a un espacio ardiente, complejo y en proceso de cocción. Y así es cómo comienza este viaje de reconocimiento, aprendizaje y transmutación desde su succión por un horno General Electric hasta su encuentro con un utópico nuevo orden familiar luego de la cremación de la madre. Todo libro se reconoce como un nacimiento, y lógico sería considerar la creación desde su gestación, crecimiento y expulsión del vientre materno, en este caso sobre la escritura. Sin embargo, ya la literatura nos ha demostrado con creces que este proceso no necesariamente es cronológico, ni lineal, sino que puede darse a la inversa: succión, gestación y vuelta a la semilla. En el cuerpo completo del libro ese proceso de gestación se da desde la fantasía en que estos relatos transitan sobre las pasiones frustradas de la madre, las familiares y secretas configuraciones del domingo en un típico campo rural de Puerto Rico, el amante en la ambulancia conjugando lazos sanguíneos y amores prohibidos, el cuerpo del delito, hasta la muerte, cremación y resurrección del nuevo orden del discurso junto a la desaparición de la madre.

Para reordenar esta involución metafísica habrá que preguntarse por qué comenzar un libro con un texto llamado "Asado a las doce" y qué propósito han tenido estos tipos metidos en el horno, remitiendo a un infierno que refiere más al Rip Van Winkle que a la Divina Comedia. Allí se encuentra este narrador que desea iluminarse con la musa de la creación (quiere escribir un cuento) pero la cotidianidad le saca un “¿qué carajo es eso?” ante el gran descubrimiento del “enser” habitado (y estático) que a las doce en punto de la medianoche se lo quiere tragar. El detenimiento del tiempo en los enseres es la imposibilidad del narrador de poder dominar su propio realidad sexual. Todos tienen su función (y fusión) sexual específica, pero para Carlos, el sujeto enunciativo de muchas de las historias, ello no basta. Habrá que buscar una de poder, imposibilitada en la escritura creativa y superlativizada en la imaginación. Ante la realidad abstemia, la búsqueda metódica y alucinante de placer se volverá ferozmente verbal, lúdicamente amorfa, líricamente popular. Como un monje en ayuno, las revelaciones perfilan en línea directa a la verdad divina: el reconocimiento del calvario, la purificación del cuerpo mediante el fuego y la llegada al paraíso impoluto. Y aunque esto puede resultar una interpretación superficial y psicológica de la función homoerótica en los relatos, en realidad, resulta ser la mejor guía para adentrarnos en la incursión de un especial Loki a nuestro ambiente más tradicional y ficcionalizado: el mítico campo con su clásica naturaleza cínica y observante. Es, sin duda, la antesala de un tipo de carácter bastante inaudito en las letras puertorriqueñas; ésta es, sin duda, la indudable puesta en escena de lo que denominaremos la escritura del gremlin adaptado a nuestro entorno literario.

Para situarnos en esta línea interpretativa, este duende, si así pudiéramos denominarlo, es la construcción postmoderna por excelencia; primero, porque supone una mutación que sale de un proyecto ilustrado de bien, progreso y cultura inconcluso o fracasado, y segundo, porque la risa para él no tiene el sentido del bien y del mal, por ende, es un nihilista, ríe por imitación, por desparpajo y por el sinsentido -consciente o inconsciente- que su alrededor le provoca. También suele ser un duende engañoso y malvado. Cuando en 1984 se estrenó la película Gremlins, a nadie sorprendió la incursión de este ser demoníaco que suponía la entrada de un nuevo tipo de generación al panorama social. La clásica escena de Rayita diciéndole a Guizmo, en una dramatización tarantina de una escena de acción y crueldad: “Guizmo, caca” reflejaba ya la famosa muerte del autor de Derrida. Así, el duende que suplanta la figura del padre, este hermano mayor, pierde el carácter de sacralidad, su condición sagrada, porque ninguna autoridad legitima su poder. Esta mutación representa la clásica desarticulación referente a una noción de renovación necesaria en toda sociedad.

Vinculándolo al libro analizado, queremos darle un giro de género que ha pasado desapercibido por las diferentes lecturas hechas para esta presentación ya que la figura del gremlin se asocia más con la postmodernidad que con la escritura gay. Hemos dado con una lectura que sí parece bastante pertinente al tema. Didier Edison comenta en su libro “Herejías” que Loki, parte de la mitología escandinava (o lo que en la antigüedad sería ejemplo de un antecedente del gremlin), y citamos “nos permite quizá comprender por qué tantos intelectuales gays han tomado partido por la audacia, la aventura y lo irracional”. Así, éste personifica “un tipo de carácter, un tipo de psicología, que adquiere sentido con relación y en oposición a otro tipo de carácter”. Para la salud y el bienestar de la sociedad los dioses escandinavos establecían un orden de formato conservador, aunque reconocían una simbiosis como la del Ying y el Yan, en donde debían existir formatos de inestabilidad y desorden porque de allí surgía la novedad, el cambio y la innovación.

Si buscamos la psicología de nuestra literatura podemos encontrar variantes que han sido analizadas bajo la temática gay que han proporcionado este enriquecimiento: pensemos en ejemplos como Manuel Ramos Otero, Manuel Clavell Carrasquillo y Angel Lozada, entre otros. Sin embargo, ninguno de estos expone tan abiertamente dos elementos que habremos de asociar con la figura de Loki como lo es el humor y la trasgresión vinculadas directamente desde la perspectiva gay. Así resultaba de necesaria la escritura del gremlin. Esto provoca que los conflictos deban resolverse de forma dual, directa, en su sentido de alternancia. Se reconoce en nuestra sociedad que el homosexual deba enfrentar sus conflictos en formas diversas, sobre todo para establecer sus derechos sobre la sociedad heterosexual. Empero, en la mayoría de los casos lo que sucede es una dislocación, de manera que lo que se propone como un orden alterno pronto se convierte, dentro del mismo “ambiente”, en relaciones de poder que vuelcan las posiciones hacia otro tipo de hegemonía, convirtiéndose en otra clase de poder conservador. De allí la seriedad en el tono grave del discurso o el aislamiento de la temática dentro del tabú, lo secreto o lo oculto. Ése no es el caso de nuestro sujeto de enunciación.

El tono reinante en todas las narraciones que se hilvanan después de "Asado a las doce" combina una simbiosis, por demás inusitada, de eso que hemos llamado la escritura del gremlin donde la ironía, el humor y el estereotipo del lenguaje popular se entrelazan para formular el discurso de un homosexual con conocimiento tanto de la cultura popular como de la erudita. Ironía casi como la que se puede observar en el segundo cuento, "La historia de un amor como no hay otro igual", en donde sólo al final descubrimos la malicia de su desenlace cuando el papelito que salta de la camisa de Nile lee: “¿Recuerdas cuando intercambiamos a tu novia por mi sobrina?”. De la complicidad de los amigos, vale una revisión de veinte pesos. Por el momento, la lectura del gremlin predomina porque el artilugio predominante desestabiliza los cánones de la ética familiar. En una estructura de bolero la narración transcurre entre las construcciones que arma Carmen, la madre joven, donde los elementos de cenizas, fuego e incendios permiten la purgación ante el amor perdido, Federico, y el amor real, Nile, ambos ensamblajes de la memoria y la rutina; ninguno producto de equilibrio y felicidad. Como dice Fernando Savater “(…) la trampa, para ser eficaz, debe disimular su condición, debe fingir más respeto a la regla que nadie: el tramposo debe ser ortodoxo hasta lo inquisitorial, para que nadie sospeche de él y le descubra la carta en la manga.” Trío tramposo, trío conforme con el intercambio de papeles, donde la posición del gremlin, como mero observante, natural, inclina su veredicto en contra del hombre. Pero habría que preguntarse si la técnica no hace al maestro, y así el poder falocéntrico no pernea en su desfase. No aparece in facto, aunque la escritura da para muchas vertientes inhóspitas.

"La novatada", el siguiente cuento, sigue con la misma perspicacia de una madeja de relaciones filiales, en este caso desestabilizadoras del orden sexual familiar, que repercuten en la trampa de este narrador, entre los boleros que canta el gremlin enamorado y el bellaqueado, el ingenuo y el jíbaro enmarañado en la jungla, el matorral y la charca. El gremlin prepara aquí el terreno para su formulación discursiva: y citamos: “Pero cuando la mano de ese padre perfecto bajó -en su amor incontenible- suave, soñadora, sublime, hasta la rabadilla de Esteban, la imagen paternal se matizó de liviandad.” Aquí choca la crisis de una futura catarsis ante el descubrimiento del velo de la verdad. Pese a la noción de pecado de los hermanos Joaquín y Blanca, que en historias paralelas alternan la vivencia de su primera experiencia sexual con los boleros que transmite WCVC Radio, la escritura del gremlin ha creado la cofradía contra lo que devalúa y subordina a las mujeres y a los homosexuales en la exposición de este paralelismo de experiencias. Así Blanca, como una nueva Silvina desvirgada a consentimiento junto a la quebrada, “sube la jalda” y “mintió que se cayó” frente a la familia. Y así Joaquín, y citamos: “reconoció que el tiempo dedicado a aquel amor descortés no se medía igual; que la ensoñación romántica era sólo eso: espejismo mórfico.” Valor y desencanto que hermanan al nuevo orden y consolidan su cosmovisión alterna en una relectura queer de la naturaleza y lo femenino.

Para ello, el próximo cuento nos dará las bases del entorno que se desea rediscursivizar.
Siguiendo esta misma línea de La Charca, "El cuento que duró treinta minutos" asienta los cimientos del barrio y los códigos de convivencia subalterna de la comunidad. Aquí los hermanos se difuminan con el entorno, la madre participa activamente de la red chismográfica del ambiente rural, y la figura del padre consiste en una efímera relación de poder y vigilancia. Sin embargo, es Millo, el esposo de la prima del narrador, el que creará la tensión por dos razones: su súbita muerte y el amorío con Carlos. En una mezcla de vulgaridad, desparpajo y chabacanería, se describe la sensibilidad de un pueblo encerrado, marginado, que reconoce en su cotidianidad que son los excesos (sexuales y verbales) los que dinamizan su vida y, contradictoriamente, son éstos mismos lo que, al finalizar, lo hacen libre.

Listos estos elementos, y sin querer desviarnos de la temática de esta lectura, saltamos el cuento "El cuerpo del delito", que merece estudio aparte por su técnica dramática y experimental, y resumimos la escritura del gremlin frente al tríptico de cuentos que prosigue.

Los tres últimos cuentos: "La ranchera", "La balada" y "El bolero" son un tríptico inconfundiblemente musical. Bajo la cadencia de aquellas letras y canciones que acompañaron al ser materno durante su vida material, se construye un homenaje a la muerte de la madre, el cual cierra el círculo escritural del gremlin. Así, la muerte, la cremación y la liberación de las cenizas de la madre nos devuelven al primer horno donde se han cocido las inmanencias de este sujeto de enunciación dentro de sus desarticulaciones del orden conservador y patriarcal, la motivación a una forma más controlada, quizá reflexiva y abstemia de la sexualidad versus la promiscuidad y el exceso y, sin desmérito de las anteriores conclusiones, hacia una sublimidad de las relaciones genéricas en torno de las cuales se problematizan los seres humanos. La desaparición y esparcimiento de las cenizas (y con éstas los lazos que atan al narrador a la figura masculina) no producen un vacío, sino que tejen una nueva concepción matriarcal entre él y sus hermanas, donde la vuelta a los orígenes corresponde a la construcción de un nuevo orden más democrático, sin jerarquías. A través de la travesía de las cenizas, por fuego, tierra y mar, sólo así se produce el desapego a los recuerdos.

El gremlin ha establecido sus marcas, desentramado la trampa y ha dejado huella en el discurso. Su ironía, su lenguaje culto y chabacano al mismo tiempo y su humor casual y popular, esconden su verdadera propuesta: la capacidad reconstructiva de este discurso periférico y la visión marginal y renovadora que éste representa para la nueva literatura puertorriqueña.

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